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HISTORIAS DE NUESTRA GENTE

FLOR MOLANO
LE PONE EL CORAZÓN A RAMO

A punta de amor y disciplina, una mujer ha logrado convertir la Granja La Uchuta en una empresa rentable y altamente productiva 

 

Flor Molano no necesita usar una calculadora para saber cuántos años lleva trabajando en la granja de Ramo “si empecé en el 85, son 20 al 2005, 30 años al 2015… ¡31 años!”, dice asombrada mientras se lleva las manos a la cara. Esta mujer morena, de mirada dulce y sonrisa constante es la directora avícola de la Granja La Uchuta y como tal, se encarga de que cada detalle funcione perfectamente y de que las cerca de 950 mil gallinas que allí viven mantengan la tasa de producción de huevos esperada. Es también la que vela porque las aves reciban sus vacunas a tiempo y porque ‘las pollitas’, como les dice con cariño, no sufran ninguna enfermedad.

 

Su llegada a la granja no le trae un buen recuerdo, pues fue después de la muerte de su esposo, uno de los vigilantes de La Uchuta, que Rafael Molano, fundador de Ramo, le ofreció trabajar en oficios varios dentro de la granja. Cinco años después, Flor fue la primera mujer en la historia de La Uchuta a la que se le encargó la labor de galponera. 

 

Su apellido, muchas veces se ha prestado para confusiones, pues la gente cree que hace parte de la familia creadora de Ramo, pero no es así. Es una simple coincidencia que hizo que Rafael, desde el comienzo de sus labores en la granja, la llamara cariñosamente ‘prima’.

 

Sus días transcurrían entre alimentar las gallinas y controlar la producción, hasta que, después de estar al frente de los galpones por varios años, Flor recibió una llamada de Molano, quien le pidió que asumiera la administración de la Granja La Uchuta, pues su desempeño era muy bueno y había demostrado conocer a la perfección el cuidado de las gallinas y el manejo de la producción de huevos que, para la época, crecía rápidamente. “Yo no sabía qué decir porque era una responsabilidad muy grande, pero me arriesgué porque don Rafael confió en mí y no lo podía decepcionar”, cuenta sin dejar de sonreír.

 

Y Rafael Molano no se equivocó. Flor no solo ha mantenido la granja en perfectas condiciones; gracias a su trabajo la producción ha aumentado considerablemente, la calidad de los huevos es cada vez mejor y por tercera vez consecutiva, La granja Uchuta ha recibido el premio Pronavícolas, que la acredita como la mejor productora. Pero su mayor orgullo es saber que su trabajo y dedicación se ven reflejados en cada uno de los productos Ramo en los que se utilizan los huevos de la granja y que son parte fundamental de esa receta inconfundible que mantiene su calidad y frescura. 

 

                                                                     

Familia que trabaja unida…

 

Los hijos de Flor participaron desde pequeños en las labores de la granja, pues vivían en las instalaciones. En las vacaciones le ayudaban a trabajar en los galpones y desde niños aprendieron con el ejemplo de su mamá la importancia de trabajar honradamente. Actualmente, los cuatro hijos de Flor trabajan en La Uchuta.

 

La vida de Flor Molano ha girado alrededor de la granja, allí vio crecer a sus hijos y obtuvo la estabilidad de la que hoy disfruta es, quizá, lo que más agradece a Ramo. “Don Rafael me cambió la vida. Yo era una mujer viuda, con cuatro hijos y gracias a él los saqué adelante”, relata Flor mientras revisa las tablas de registro de producción de los galpones.

 

Durante sus 31 años de trabajo, Flor ha visto pasar por la granja muchos trabajadores, ha visto partir muchos camiones de huevos, ha construido su vida, una familia y ha logrado posicionar a La Uchuta como una productora no solo de huevos, también de sueños y de nuevas oportunidades para quienes hacen parte de ella.