3 historias cortas en el centro de Bogotá

El centro de la capital colombiana se ha convertido, con el paso de los años, en un punto turístico infaltable para propios y extranjeros; allí la diversidad, la arquitectura y su gente lo han hecho especial.

En su corazón existe una plaza que ha hecho parte importante de la historia: La Plaza de Bolívar; aunque usted no lo crea, su magia no solo se remonta a tener a su alrededor el Palacio de Justicia, el Capitolio Nacional, la Catedral Primada de Colombia, el Colegio Mayor de San Bartolomé o el Palacio Liévano, no, esta vez resaltaremos a esas personas que aportan su granito de arena para mostrar la mejor cara de nuestro país, personas que nos representan. Por eso traemos tres historias cortas y visitas obligadas sobre estos protagonistas que día a día, con sol y lluvia se ubican allí para sacarle una sonrisa a cualquier transeúnte.

¡Digan Wisky!

Esta es la historia de Antonio Vergara, un icónico fotógrafo que lleva más de 15 años inmortalizando sonrisas. A pesar de que allí existen aproximadamente 40 fotógrafos más, no son su competencia directa, los celulares y la era digital ha hecho que el “camello” sea más difícil. Pero como todo colombiano, jamás se echa para atrás, así que decidió vender maíz, así sus clientes tendrían de fondo palomas volando quienes enmarcarían sus retratos. Hoy sigue vigente, enfocando esas sonrisas de cualquier parte del mundo que deciden llevar sus recuerdos no solo en redes sociales, sino en su álbum.

De lanzar maíz a capturar sonrisas

Hace 30 años, una señora joven y en búsqueda de oportunidades, encontró en el vuelo de las palomas en la Plaza de Bolívar esa labor que le ayudaría a salir adelante. Esta es la breve historia de Rosa Sánchez.

Por más de tres décadas, Rosa y su maíz han sido protagonistas en ese sector, donde cada día se vive el reto de cumplir “el diario”, es decir, el producido diario para poder tener estabilidad. Hace mucho, la alcaldía intentó prohibir la venta de maíz en la plaza y es ahí donde su vida cambia de foco. El profesor Héctor Zamora de la Universidad del Rosario, quien ya la había visto en varias ocasiones, le propone tomar con él un curso de fotografía. Ella con sus 70 años decidió empacar sus cuadernos y apoyada por todos los estudiantes se enfocaron en enseñarle todo. Cumplió no solo el sueño de culminar el curso, también el de estudiar y como graduación todos los compañeros le regalaron una cámara, lente que hoy retrata en la plaza a millones que diariamente circulan allí.

La sombrilla de la plaza

Si pasan por la Plaza de Bolívar un miércoles, de 7 de la mañana a 5 de la tarde, y encuentran una sombrilla gigante, ustedes acaban de ubicar a Noralba, otra persona infaltable en esta visita. Con 30 años en el sector, ha sido una mujer “berraca” que no suelta su sombrilla y siempre está ahí, con su maíz.

A pesar de que la han querido reubicar, su ímpetu y sus ganas de salir adelante se imponen ante estos hechos. Hoy ella sabe que el trabajo está complicado, porque existen más maiceros que compradores, por eso ella busca un nuevo mercado, el de los niños; hoy, debajo de la sombra de su sombrilla podrán encontrar también burbujas. Así es como ella pasa los días, entre los buenos y los no tan buenos, pero siempre con una sonrisa para quien decide hacerle la “comprita”.

LLEGÓ UN NUEVO INTEGRANTE

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