PINTANDO PARA EL MUNDO

Este artículo nace desde la intuición, la observación, las ganas de generar el cambio y el amor por el arte. Para esto tenemos que ir hasta el 2008, donde Camilo López y Alejandro Cárdenas veían cómo las calles de la capital estaban pintadas dejando a la subjetividad su significado, sin dejar de ser polarizado en la cultura como negativo, clandestino o malo; mientras que en el mundo esto estaba evolucionando. Ellos encontraron una oportunidad para transformar indirectamente la vida de las personas y con esta gran idea es como inicia nuestra historia con corazón.

Arrancamos en Bogotá, donde sus calles parecen una obra de arte, embellecidas con ideas plasmadas sin medir tamaños, con el fin de comunicar algo, hablamos del grafiti. Obvio, esto siempre será un tema; pero cuando grandes artistas lo hacen realidad, convierten las calles en la foto obligada, el punto de referencia, hasta en la inspiración de muchos que se preguntan ¿Por qué no estar en una galería? Pues bueno, algunos solo buscan transformar a las personas con ver lo que hacen (y gratis).

Vértigo Graffiti nació allí pero nunca pensando en ser solo arte, debía ser un colectivo que pudiera integrar a la sociedad, a entidades privadas y públicas, y toda profesión o carrera que quiera hacer país. Así empezó su camino, con marcas, algunas empresas y obras propias. Lo que no imaginaban era lo grandes que se convertirían con el tiempo.

Empezaron a integrar artistas que hoy son los mejores del país, quienes con su talento lograron expandir su objetivo llegando a tan alto nivel que fueron solicitados alrededor del mundo. Parte de Europa, el norte de América y casi todo nuestro país tienen en algún muro sus ideas y creatividad plasmadas.

La historia de nuestra gente

Mientras su labor crecía, iba evolucionando la manera de manejar el colectivo, donde cada proyecto buscaba beneficiar a todos los entes participantes, pero siempre buscando el mismo fin: generar conversación en espacios culturales. Un día la cancillería de nuestro país y la Embajada en el Líbano los buscó para hacer realidad un proyecto donde pintarían en diferentes partes del mundo un pedacito de Colombia. Esto revolucionó al colectivo llevándolos a su primera estación, Jordania, allí a partir de un estudio social, investigaciones culturales y gracias a varios creativos se dejó en la mesa la idea de pintar un campesino colombiano que representara una problemática similar a la del contexto jordano.

Próximamente, irán a Estambul y allí están pensando en seguir representando a nuestro país por medio del arte, integrando a todo el que sienta ganas de comunicar algo, como Ramo por ejemplo, que se ha convertido en la mejor manera para decir amor, el regalo que endulza el día y en la tradición que se disfruta en cualquier lugar.

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